la palabra como semilla

lunes, 22 de septiembre de 2014

reseña de CARDO

La sección de reseñas de Club Hem Editorxs propone una nueva mirada sobre los libros que se han editado a través de este sello. Esta vez, Matías Esteban nos regala su parecer sobre “Cardo”, poemario de Ana Colombina, editado por la Serie de poesía “Ojo De Tormenta”, en septiembre del 2013.

Para leer la reseña:
Reseña de Cardo por Matias Esteban


Para leer reseñas de otros libros:
Reseñas de Club Hem Editorxs




lunes, 2 de junio de 2014

Confesión/4

Poema para la antología
Poesía Relámpago 
de Pixel Editora


Confesión/4

Decido contarlo/
 todo.
Decir que traigo/
 el río,
el bosque,
la montaña.
Aquí y ahora,
porque ahora
pero no aquí
el río me/
está trayendo.

…que mi piel
es de tierra
y mis manos
ramas floridas
los pies sueñan
sueños de
caracoles
y de la cabeza
nacen
árboles de
palabras.

Decido
nacer cada vez
que los párpados
se abren
y buscar/
dentro mio
el rumor
de las montañas
la canción
de la ciudad
que habito

y salgo a volar

el día.


>> Leer Confesión/3


jueves, 10 de abril de 2014

Cardo Según Ana

Cardo
 

¿qué es un cardo? ¿una flor? ¿un yuyo? ¿qué es esa línea que se eleva de la tierra, rodeada de espinas y coronada por ese pelambre violeta que parece un pequeño patio de pasto descuidado y malcrecido? ¿acaso las señoras y los señores amantes de la jardinería, acaso los jardineros, cultivan cardos para decorar sus jardines y terrazas?

¿qué es un cardo? ¿un yuyo? ¿una flor? ¿qué es esa luz violeta que brilla en lo alto de la torre de espinas verdes, ese resguardo de belleza tan parecido al alma? ¿acaso la magia sólo existe para quienes de verdad saben mirar más allá de lo que se ve, de aquéllo que los ojos ubican como belleza siguiendo dos o tres principios superfluos, insensatos, faltos de imaginación y repetidos hasta el hartazgo?

Cuando era más chica, los pibes del barrio se entretenían pateando la flor de los cardos del campito, que salía volando como una cabeza degollada, dibujando curvas perfectas en el aire.

*

El cardo tiene ese lugar de hierba que crece en cualquier lado, tiene también eso de que no se le presta mucha atención, o se lo patea por los aires. Tiene ese lugar de maleza. Tiene -además- una flor de color púrpurazulado que me recuerda a las profundidades de un río de montaña o el sabor dulce de las frambuesas. La textura suave al tacto contrasta inevitablemente con la corona que la rodea, ese mandala de espinas verdes que la sostiene, redondo, escapándose hacia la tierra en línea directa, trazando caminos que unen más flores y coronas de espinas verdes. Tiene también ese lugar de la magia, de lo aparentemente imposible.


Estas poesías tienen el mismo lugar doble: de maleza y magia. De espina y luz. De trazos que nacen de la tierra pero también que saben del río, del poder de los reinados y de la fuerza de los estereotipos. Es una voz de hierba, que crece en cualquier lado. Es también un suave refugio, pedazo de alma que está ahí, rodeada de espinas, a merced del viento y las patadas.