la palabra como semilla

viernes, 10 de mayo de 2013

Donde nacen los ríos


Subí hasta donde nacen los ríos
pregunté a los bosques altísimos
si mi corazón era como ellos
me respondieron silenciosamente

escuché la fuerza de mis latidos

un martillo en el pecho

pregunté a las montañas, a veces
oscuras, desde lejos azules
si mis pies eran como ellas
me respondieron en silencio

seguí andando, sacando fuerzas

de lugares que no siempre recuerdo

miré dentro de la profundidad de tus ojos
incluso cuando estaban dormidos, miré
y les pregunté por nuestro amor
me respondieron con silencio

Caminé hasta donde nacen los ríos

y me encontré allá/acá
con todo lo que necesito/lo que soy.





miércoles, 20 de marzo de 2013

serán los días


¿serán los días, esos que se van
sin que pueda escribirlos
o los recuerdos
esa pelusa imborrable en la mirada?

¿será quizás el desconcierto
acerca del día que nace
del sol que se levanta
la luna que se hunde
amistades que se achican
cuerpos que sienten más punzadas
en la costura cotidiana?

¿será el amor que se hace intenso
el aire que olvido en los suspiros
los abrazos que nunca son tantos
las horas con los libros
o intentando ganar algo de dinero?

los días, tan maravillosos y únicos
las palabras tan efímeras e insuficientes
la memoria, esa bolsita de sorpresas
(llena de caramelos)

el deseo de saber qué viene
la distancia de la muerte,
“el paso del tiempo” dicen
en cada cuerpo, en cada relación
dibujando territorios en el alma
como el río dibuja curvas
en la pampa, en su lento viaje al mar

el amor que es tan intenso
en todo y en cada instante
la nostalgia de un mundo de cuna,
de hamaca y de juegos…
el desafío de sostenerte por tu cuenta
(en todo, como sea)


¿seré yo quién arranca de mi pecho los ríos
por no saber cómo dibujar sus curvas?




lunes, 4 de febrero de 2013

México 6/ Retornos

Tal vez sea esa necesidad de poeta de fugarme de lo concreto en cuanto pueda evitar ciertos lugares comunes, tal vez solo la inmensidad de aromas, sabores, sonrisas, lluvias y mareas que rodearon mis últimos cuarenta días que me impiden verdaderamente el uso de la palabra para cerrar por fin este intento de relato de viaje.
Sin embargo lo intento, como siempre que escribo.

Día 41, Distrito Federal.

El último tiempo ha sido vertiginoso, la idea en mente de una fecha de regreso precipitó las estadías en Chiapas y los planes se empezaron a ajustar a momentos precisos del viaje, más bien, al esbozo de su fin. Sin dejar de viajar a la deriva de la suerte, sin dejar de pasar horas de contemplación, en la selva chiapaneca bajo las memorias del náhuatl o en la mareas inquietas del pacífico; las horas parecieron estrecharse y los momentos a vivirse como una despedida. Despedir a mi amiga y compañera de viaje, despedir al mar y a la luna sobre él, tan ondulante, tan unidos el uno y la otra. Sin dejar de viajar y mantenerme en ese estado diría de trance entre mi ser y mi estar, entre lo que soy y el lugar como espacio que me hace. Pero vagando por pensamientos que no pertenecen al aqui y ahora, si no a lo que viene (como esperanza de lo de siempre), a mi cotidiano platense tan caótico e imprevisto como un viaje pero rodeado de mil sentidos que sólo la permanencia produce.

Volver ¿a dónde? ¿a quiénes? ¿a mi misma?...con una mochila más grande que la que realmente se ve. Con los pies tallados por otros caminos, con las alas sucias y la sonrisa diferente. Constantemente vienen a mi memoria los innumerables relatos oídos, las personas que conocí y aún ahora sigo conociendo, las canciones, las carreteras, las caídas, la fiebre. Y se me llena de colores el cuerpo, porque me vibra cada una de esas historias, me nace una nueva rama del tronco que dará sus frutos con el tiempo,con el paso de los días y las palabras.



Y escribo ondulaciones, trances, vagar y divagar y retornar constantemente y ahi detrás está esa sensación indescriptible que hace días me ronda, esa imagen de un camino infinito por territorio mexicano que no parece otra cosa que la imagen misma de la vida, de la búsqueda errante por caminos nuevos y viejos, unas veces más conciente que otras: imagen y deseo a la vez, búsqueda constante de sueños apretados en la palma de la mano y arremolinados en el pecho.

Viajar ¿desde cuándo? ¿hasta dónde? es también un sentido infinito e indescriptible. Podría intentar escribir esta sensación que rodea, pero seguiría dando vueltas, masticando esbozos. En pocos días lo charlamos con unos matecitos.