la palabra como semilla

jueves, 10 de abril de 2014

Cardo Según Ana

Cardo
 

¿qué es un cardo? ¿una flor? ¿un yuyo? ¿qué es esa línea que se eleva de la tierra, rodeada de espinas y coronada por ese pelambre violeta que parece un pequeño patio de pasto descuidado y malcrecido? ¿acaso las señoras y los señores amantes de la jardinería, acaso los jardineros, cultivan cardos para decorar sus jardines y terrazas?

¿qué es un cardo? ¿un yuyo? ¿una flor? ¿qué es esa luz violeta que brilla en lo alto de la torre de espinas verdes, ese resguardo de belleza tan parecido al alma? ¿acaso la magia sólo existe para quienes de verdad saben mirar más allá de lo que se ve, de aquéllo que los ojos ubican como belleza siguiendo dos o tres principios superfluos, insensatos, faltos de imaginación y repetidos hasta el hartazgo?

Cuando era más chica, los pibes del barrio se entretenían pateando la flor de los cardos del campito, que salía volando como una cabeza degollada, dibujando curvas perfectas en el aire.

*

El cardo tiene ese lugar de hierba que crece en cualquier lado, tiene también eso de que no se le presta mucha atención, o se lo patea por los aires. Tiene ese lugar de maleza. Tiene -además- una flor de color púrpurazulado que me recuerda a las profundidades de un río de montaña o el sabor dulce de las frambuesas. La textura suave al tacto contrasta inevitablemente con la corona que la rodea, ese mandala de espinas verdes que la sostiene, redondo, escapándose hacia la tierra en línea directa, trazando caminos que unen más flores y coronas de espinas verdes. Tiene también ese lugar de la magia, de lo aparentemente imposible.


Estas poesías tienen el mismo lugar doble: de maleza y magia. De espina y luz. De trazos que nacen de la tierra pero también que saben del río, del poder de los reinados y de la fuerza de los estereotipos. Es una voz de hierba, que crece en cualquier lado. Es también un suave refugio, pedazo de alma que está ahí, rodeada de espinas, a merced del viento y las patadas.




lunes, 10 de febrero de 2014

confesión/ tres




Decido contarlo todo.
Decir que traigo el río,
el bosque, la montaña.
Aquí y ahora,
porque ahora pero no aquí
el río me está trayendo.

I

Porqué
este abismo incomprensible
en mi corazón…
           ¿cómo hago para dejarlo ir?

llorar, llorar, llorar, llorar, llorar, llorar, llorar
                                          hasta que
                                                  mis
                                                     lágrimas
                                                              sean
                                                                      nubes…

¿Por qué duele tanto el amor?

Placer
Dolor
Amor
ES TODO
TAN parecido

II

si todo esto que
me aprieta el pecho
fuera a parar a otro lugar
¿a dónde estaría ahora?

no pretendo comprender
pero tampoco
hundirme sin sentido
¿estaré alucinando?
¿seré yo la que te abraza
en mi cama?
¿seremos nosotros?


Ahora vuelvo.
Descubro lo frágil
de la mente,
la fortaleza de mi
piel sobre tu piel.

¿Cómo será tu piel
sobre mi piel
cardo o ceniza?
¿Cómo será?



III

Conservar por un rato
la sonrisa, la sorpresa.
Conservar el llanto adentro
de un frasco o de un helecho:
sólo para humedecer la piel
en los días de sequía.

Reír de nada, reír como niña
o como rana, reír a llantos.
Separar un poco los hombros
de la cabeza, o de la silla:
bailar más seguido en el supermercado
y cantar más fuerte en la calle.

Volver en bici, volar, llorar
sentir la prisa del viento y
pedalear un poco más despacio.
Viajar. La cabeza en un globo.

Creer siempre que voy a encontrarte
a la vuelta de la esquina,
aunque sepa que estás lejos,

creer, y sonreír siempre antes de girar.

* Este poema pertenece a Cardo, libro publicado en 2013 por Club Hem Editorxs.

miércoles, 3 de julio de 2013

Dias intensos.

Días intensos. Días intensos. Días eternos y efímeros como una caída, una lluvia o un mar de lágrimas. Días intensos en mi y en el afuera. Me duele el cuerpo, pero la piel está respirando historias, transpirando amores. Amar y soltar miedos. Tener miedos y decirlos, como sea. Tener trabajo, perderlo, volver a conseguir otro. Imaginar un ahorrito a fin de mes, disfrutar del momento y tomarse unas birras -salgan lo que salgan-. Andar en bici, en micro, caminar, volver en taxi. Sola, abrazada, dormida, con tus manos alrededor de mi cuerpo, aguantándome. Apagar el despertador, salir sin desayunar, tomar mates en la escuela, aprender, darte un beso antes de salir. Ir al cine, ir a cumpleaños, a fiestas, a muestras. Cenar sola, saltear el almuerzo comiendo pavadas. Escribir, escribir por placer, para la facu, para el proyecto, para la revista, responder mails, pagar impuestos, pagar el alquiler. Comprar la comida del gato, regar las plantas, ver cómo nacen las flores lentamente. Escuchar música. Darme un baño calentito y sonreír. Lavarme el maquillaje, hacer caras en el espejo. No creer todas las imágenes que me devuelven los espejos, sobretodo cuando estoy enojada conmigo misma. Mandar un mensaje, esperar, cocinar una cena (de verdad o en mi cabeza), esperar. Soñar mucho y revolver la cama. Soñar los miedos, soñar las alegrías. Abrir la puerta y encontrarme con un beso, desear, soplar las velitas y no poder pensar en deseos. Dormir. Ir a fiestas, a ferias, a talleres, a juntadas, al trabajo, a la verdulería, al chino. Abrazarme en una hamaca, escuchar el sonido de los árboles. Pedir abrazos, llorar de cansancio de llorar sola. Cantar en la bici. Despertar. Seguir. Días intensos. Días largos, cortos. Días intensos.